¿Cómo sabemos que nos sentimos inseguros? La Luna – necesidades de seguridad


Con este artículo empiezo una serie de enseñanza astrológica, realizando un profundo análisis astro-sicológico de uno de los elementos más importantes de nuestra cata natal: la Luna.

En posteriores artículos  detallaré tanto la influencia de los elementos como la de los signos del zodiaco.

En primer lugar hay que sentar las bases para un mejor entendimiento posterior.

Además de las fases de la Luna, existe otro ciclo lunar definido por como aparece ésta mientras que se mueve a través del cielo en contraste con las estrellas. Los astrónomos lo llaman el mes sideral y tiene una duración de unos 27 días.

En la astrología occidental, pensamos en esto en términos de un mes tropical – cuánto tiempo toma la Luna para repetir su viaje a través de los 12 signos del zodíaco.

La Luna visita cada signo una vez al mes. En promedio, la Luna se recrea alrededor de 2-1/2 días en cada signo, antes de pasar al siguiente. A medida que se mueve, también se impregna de todos los elementos – fuego, tierra, aire y agua.

Como una llave musical, estos elementos marcan el tono para nuestra experiencia de la Luna en ese día. Los almanaques han enumerado estos signos lunares como guía para plantar cultivos, cuidados personales…. sugiriendo actividades apropiadas para cada energía astral.

Averigua tus necesidades de seguridad

Empezaremos tomándonos unos minutos para pensar en el concepto de seguridad. En general es raro que consideremos nuestras necesidades de seguridad, dejando aparte la de las relaciones.

Aceptamos nuestra seguridad como algo garantizado cuando pensamos en ello, pero estamos a punto de ver que nuestras Necesidades de Seguridad juegan un papel importante en nuestras vidas y en nuestras relaciones.

Explorando nuestras Necesidades de Seguridad

Nuestras Necesidades de Seguridad pueden agruparse en tres categorías principales:

  1. Necesidades de supervivencia
  2. Conexiones emocionales
  3. Límites.
  1. Necesidades de supervivencia

En la jerarquía de necesidades de Maslow las Necesidades de Seguridad llegan a ser importantes una vez que nuestras Necesidades Psicológicas han sido satisfechas. Nuestras necesidades psicológicas incluyen nuestras necesidades de supervivencia internas –aire, comida, agua, cobijo, sueño, etc.

Una vez que se satisfacen esas necesidades nos preocupamos de nuestra seguridad, y nuestra necesidad fundamental de seguridad es saber que nuestras necesidades psicológicas serán satisfechas.

Cualquier cosa que tenga el potencial de amenazar nuestro cuerpo físico y nuestra habilidad para sobrevivir es una amenaza fundamental para nuestra seguridad. Nuestro sistema nervioso anatómico está específicamente diseñado para ayudarnos a sobrevivir a amenazas potenciales para nuestro cuerpo físico. Incluso aunque en muy raras ocasiones nos enfrentemos con situaciones de vida o muerte en nuestra sociedad, todavía tenemos programado internamente el cambiar a un modo de defensa al menor signo de peligro.

La respuesta de luchar o huir existe para ayudarnos a escapar de depredadores y sobrevivir a situaciones que amenacen nuestra vida. Está diseñada solo para emergencias. Piensa en ella como una tarjeta de crédito biológica. Solo tenemos adelantos de dinero como último recurso porque los costes son muy altos.

En términos biológicos la respuesta de luchar o huir tiene también un alto coste. Cuando nuestro sistema nervioso anatómico estalla ante una reacción tiene un coste similar en nuestros cuerpos. Nuestras funciones biológicas normales son acalladas o ignoradas, y todos nuestros recursos se emplean en encontrar la fuerza y la energía para superar (luchar) o dejar atrás (huir) del depredador.

Una vez que hemos sobrevivido a la amenaza necesitamos descansar y recuperarnos un momento. Necesitamos recobrar nuestras reservas, y necesitamos tiempo y recursos para reparar el daño a corto tiempo que le hemos causado a nuestro cuerpo con la subida repentina de adrenalina.

El desafío reside en que nuestros egos han tomado el control de la mayoría de nosotros ante la pregunta de luchar o huir, y cambiamos a este modo cada vez que sentimos la más mínima amenaza a cualquier nivel. Una vez que el ego detecta cualquier dolor potencial envía una señal a nuestro sistema nervioso de que no estamos a salvo y se activa para intentar protegernos. Estamos tan acostumbrados a esta respuesta que la mayoría de las veces ni nos damos cuenta.

El ego nos tiene bien entrenados, y si siente cualquier peligro, nos acciona y actuamos siguiendo antiguos patrones para evitar el dolor, ya sea defendiéndonos o huyendo de la situación.

Cuando en una relación nos sentimos inseguros por cualquier causa reaccionamos como si nuestras vidas estuvieran en peligro. Nos transformamos en seres emocionales y defensivos.

En resumen, no estamos entrenados para sentarnos y tener una discusión normal con nuestras parejas acerca de lo que nos preocupa. Esto, por supuesto, suele provocar una respuesta en nuestra pareja y le hace sentirse incomodo/a. Y entonces su reacción a nuestra reacción nos hace sentir inseguros.

Ante la duda de luchar o huir, es más frecuente luchar y después huir.

Necesidad de Saber qué Esperar

Para sentirnos seguros necesitamos creer que nuestras necesidades básicas continuarán siendo atendidas. Esto significa que otro aspecto de nuestra necesidad de seguridad es saber qué esperar.

El ego crea marcos de referencia basados en nuestras experiencias pasadas, para poder anticipar y evaluar futuras experiencias y así continuar sobreviviendo. Las situaciones que no resultan familiares pueden hacernos sentir inseguros porque no sabemos qué esperar y nuestros egos no saben cómo protegernos.

La ironía es que cuanto más pensemos en los posibles peligros futuros para poder defendernos de peligros potenciales, menos seguros nos sentimos en realidad. Simplemente no podemos anticipar cualquier escenario posible. Nuestros egos creen que la forma de hacernos sentir seguros es anticipándonos al futuro. Pero la única forma verdadera de sentirnos seguros es centrarnos en el momento presente.

  1. Conexiones emocionales

Las conexiones emocionales son otro aspecto básico de nuestra necesidad de seguridad. Las conexiones emocionales están relacionadas íntimamente con nuestras necesidades básicas fundamentales. Una vez que sentimos confianza en nuestra supervivencia comenzamos a sentir la ilusión de que estamos separados de la Fuente. Nos sentimos aislados y solos, y las conexiones emocionales que creamos y compartimos con otros nos ayudan a recordar la verdad, que no estamos solos.

Nuestra primera experiencia para satisfacer nuestras conexiones emocionales ocurre en nuestra infancia cuando somos alimentados, cuidados y amados por nuestros padres. Muchas teorías del desarrollo de los niños sugieren que cuando somos pequeños no comprendemos realmente que somos entidades separadas de nuestros padres; conforme comenzamos a darnos cuenta de que no formamos parte de nuestros padres nos aferramos a las conexiones emocionales que compartimos con ellos para sentir seguridad. Durante el resto de nuestras vidas compartir conexiones emocionales con otros puede hacernos sentir seguros y protegidos una vez más.

  1. Límites y Espacio Personal

Los límites son necesarios para definir nuestro sentido de identidad individual cuando tenemos experiencias humanas. Los límites, como el ego, son parte enteramente de la tercera dimensión. Los límites nos ayudan a mantener la ilusión de que estamos separados de la Fuente.

Parte del juego al que jugamos mientras estamos en la tierra tiene que ver con nuestra relación con los límites.

Por una parte, necesitamos creer que nuestros límites existen para así poder explorar el mundo desde una perspectiva individual. Por otra parte, necesitamos recordar la verdad de que los límites son ilusiones, y de que no existe esa separación. Tenemos que caminar sobre una fina línea aquí – si nuestros límites son demasiado débiles o demasiado fuertes nos sentiremos inseguros.

Nuestros egos ven los límites como algo esencial para nuestro sentido de la seguridad, ya que nuestros límites definen los parámetros de lo que nuestros egos creen controlar. Nuestro ego refuerza nuestros límites para protegernos del daño del mundo exterior. Siempre que creamos que nuestros muros pueden protegernos nos sentiremos seguros. Por supuesto, si los límites son demasiado fuertes, no seremos capaces de experimentar ninguna conexión emocional con otra gente; nos sentiremos aislados y solos – atrapados (y esencialmente inseguros) en nuestra fortaleza.

Nuestros límites operan en multitud de diferentes niveles.

En un nivel físico, nuestros límites están relacionados con nuestra necesidad de espacio personal. Tenemos límites emocionales que determinan el tipo de conexiones emocionales que compartimos con otros. Cuanto más intima y sincera sea la relación, más probable es que compartamos esta conexión con nuestras parejas.

Cuando extraños o conocidos profesionales nos preguntan por asuntos personales, por ejemplo, nos sentimos amenazados e inseguros porque las preguntas no son apropiadas – representan una violación de la intimidad y de los límites. Nuestro derecho fundamental a la privacidad, de hecho, es un esfuerzo para reforzar nuestros límites individuales y ayudarnos a seguir seguros como individuos.

¿Cómo sabemos que nos sentimos inseguros?

Muchos de nosotros gastamos muchísimo tiempo de nuestras vidas en un estado de luchar o huir del que ni siquiera somos conscientes por el hecho de no sentirnos seguros. En cualquier momento en el que sentimos ansiedad, estrés, miedo, preocupación, tensión o cualquiera de los cientos de respuestas físicas y emocionales a estas emociones estamos sintiéndonos inseguros. Estas emociones, estas experiencias, solo ocurren porque no nos sentimos seguros; pueden ser el detonante del resultado de la respuesta de luchar o huir que se activa.

En las relaciones, podemos buscar pistas adicionales para ser conscientes de que nos sentimos inseguros. En cualquier momento en el que nos sintamos a la defensiva estamos reaccionando a una violación de la seguridad. Nuestros egos han tomado el control y están intentando protegernos de un ataque. La necesidad de un espacio privado, o el deseo de escapar o estar solos también pueden ser una indicación de que nos sentimos inseguros. Habitualmente, sentimos esta urgencia como resultado de una violación de los límites.

Sentirnos enfadados es otro signo de que nos sentimos inseguros. Por supuesto, para muchos de nosotros, sentirnos enfadados es en sí mismo algo que nos hace sentirnos inseguros.

La gestión de las necesidades de seguridad: La Luna

Hay cuatro formas (categorías) principales de gestionar la seguridad, cada una se corresponde con un elemento.

Cuando entendamos las cosas que todas nuestras necesidades de seguridad tienen en común, será más fácil identificar los puntos específicos.

Cada estilo fundamental tiene un foco distinto en lo que nos hace sentir seguros.

  • El Fuego necesita ser capaz de actuar para sentirse seguro.
  • La Tierra necesita límites y estructuras para sentirse segura.
  • El Aire necesita comunicación e interacción social para sentirse seguro.
  • El Agua necesita conexiones emocionales para sentirse segura.

Así que, ¿Cómo determinamos qué necesidades de seguridad tenemos?

La respuesta es sencilla, simplemente mirando la Luna en la carta natal.

El signo (y elemento) de la Luna identifica nuestras necesidades de seguridad.

En un artículo posterior explicaré de forma particular cada una de ellas.

 


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